•8:12 p. m.
Eso. Simplemente correr desaforadamente por una calle que al principio era Avenida Recoleta y luego, de pronto, la Alameda (¿de las delicias?). En un lado, Andrea y yo, y por la vereda de enfrente, mis amigas Cintia y Jana.
No era una carrera, sino una lucha por llegar hasta una estación de metro y salvarnos de... no sé, algo.
En alguna parte del horizonte apareció un semáforo que detuvo a mis amigas. Andrea y yo, sin embargo, seguimos corre que te corre. Nos vi como a Speedy González sin "ándale", digamos. Y luego la Alameda se transformaba en Avenida Providencia, por aquello de los bandejones centrales con abundancia de árboles e iluminación artificial.
Un cruce de perros era la única forma de parar nuestra carrera. Entonces la calle, el movimiento de vehículos, los semáforos, mis amigas en la vereda de enfrente, la brisa que movía las hojas de los árboles, todo, absolutamente todo, quedaba congelado ante mis ojos.
No era una carrera, sino una lucha por llegar hasta una estación de metro y salvarnos de... no sé, algo.
En alguna parte del horizonte apareció un semáforo que detuvo a mis amigas. Andrea y yo, sin embargo, seguimos corre que te corre. Nos vi como a Speedy González sin "ándale", digamos. Y luego la Alameda se transformaba en Avenida Providencia, por aquello de los bandejones centrales con abundancia de árboles e iluminación artificial.
Un cruce de perros era la única forma de parar nuestra carrera. Entonces la calle, el movimiento de vehículos, los semáforos, mis amigas en la vereda de enfrente, la brisa que movía las hojas de los árboles, todo, absolutamente todo, quedaba congelado ante mis ojos.

1 comentarios:
Me encantó ese sueño.
Nos vemos! Un abrazo!