Author: Angélica
•11:52 a. m.

Mi nueva paciente era una mujer que rodeaba los treinta años y declaraba en forma escandalosa no recordar absolutamente nada de lo que había hecho el día anterior. Yo la escuchaba atentamente, cuando aparecía por el costado de una gaveta una gata blanca, tipo angora. Era tan hermosa, que toda la conversación y la angustia de la mujer que tenía enfrente, desaparecían, porque sólo podía concentrarme en los movimientos sinuosos del animal.
Author: Angélica
•9:21 p. m.
Nuevamente el túnel pero esta vez salgo a la superficie éxitosamente. Allí, la oscuridad continúa y yo perfilo mis pasos hacia un camino lateral, un desvío a un pueblo del que no conozco nombre. Luego de varias calles tranquilas, cuando la noche comienza a aclararse, me detengo ante una casa vieja y toco a la puerta. Después de algunos minutos, sale una mujer encorvadita. Le digo: tú eres como yo pero con los años a cuestas. Me dice: y qué años vas a cargar tú, si eres una criatura enquencle. Replico: ¿cómo enquencle?. Y ella: así nomás, tal como lo dije.

Entro a su casa y la sigo por un pasillo breve e intesamente oscuro. La sala, en cambio, es luminosa y por las ventanas se nota que ya ha amanecido. Tiene una estufa a leña, una combustión lenta como las que aún se usan en el sur de mi país. ¡Cómo las extraño!

Sobre ella, un mate, una tetera y una olla con musgos vegetales que le dan un color verde oscuro. La viejita toma una madeja de lana cruda, como si fuesen spaghettis, y los deja sumergirse bajo su propio peso en esa tintura. Con una mano llena de arrugas hermosas, toma una cuchara de palo y comienza a revolver. Entonces vuelve a hablarme.

-¿Qué tal ese trabajo tuyo, niña?
-Sí, bien. Intento acostumbrarme, agarrarle ritmo a la gente y al oficio.
-¿Y el taller que tienes que entregar el lunes, está listo?
-No. Me falta. Digamos que tengo los contenidos, el temario completo, pero aún no sé qué orden darle a un par de contenidos, si poner aquello de la curiosidad sexual antes, o después de la etapa de desarrollo escolar.
-Bah, eso no es problema.
-¿Y usted cómo sabe que no es problema?
-Porque te lo estoy diciendo: mira, la solución siempre debe darse al final, así le das tiempo a la gente para que descubra cosas por sí mismas. Les ayudas a sentirse capaces.
-Sí, puede ser.
-Ahora aprende a teñir lana, acércate más.

Me acercaba a la olla con cuidado. El olor a oveja era intenso, profundo. Me costaba soportarlo sin hacer aspavientos, no por asqueroso sino por fuerte. Cansaba.

-No puedo, es demasiado.
-No es el olor, hija, lo importante es que no cierres los ojos; que no dejes esto sin revolver. Vas levantando aquí, y allá, y fíjate: la lana va tomando este colorcito. Pero tienes que revolver para que quede parejo, esa es la gracia. Hay cosas que huelen fuerte y nos inundan, pero si eres capaz de mantener los ojos abiertos, entonces verás que ese olor está fuera. Y en cuanto termines tu tarea y te alejes de él, todo estará bien.

Me alejaba de la casita tranquilamente en la bicicleta, con la lana enrollada en el cuello.

Author: Angélica
•6:48 a. m.
Como no todo es tragedia en la vida, mi querido yo onírico me regaló el siguiente sueño:

O. tenía fecha de llegada a Santiago de Chile y yo no cabía en mí misma de la felicidad. Hablaba con mi hermana y le proponía que el encuentro se produjese en un concierto. ¿De quién? Moya; en mi sueño, yo estaba en el recinto exterior, prácticamente haciendo fila para entrar. Me sentía muy ansiosa de pensar que en cualquier minuto él estaría ahí, conmigo.

En el intertanto de la espera, se acercaban a mí varias personas a las que no reconozco. Me hablaban de planes futuros, de sueños, de esperanzas. Me hablaban sin descanso, sin dar tregua para que yo contestase.

De pronto se acercaba J., el novio de mi hermana y me decía: "Está aquí, acaba de llegar". Yo cruzaba la calle, muy despacio, como saboreando los segundos. Lo veía ante mí y nos abrazábamos muy fuerte. Entonces le preguntaba: "¿estoy soñando?". Y él respondía: "sí, pero no despiertes antes del concierto, por favor".

Yo seguía haciendo la fila mientras mi hermana y mi cuñado hablaban con O. Los veía reír y hacer muecas, pero no escuchaba su charla. Luego, O. entraba al concierto y yo le preguntaba a mi hermana qué le había parecido. Y ella que me contestaba: "es raro él, pero tiene algo que es súper bueno. Es excelente para ir a un concierto musical".