Author: Angélica
•8:18 p. m.

El cerro era azul, las vacas de un rosa pálido. El cielo, verde agua. Mi sweater arremangado hasta el codo, y mis antebrazos cubiertos de barro.
Con las manos metidas en el lodo procuraba encontrar algo que no encontraba, en un cuadro vertical de apariencias bidimensionales.
Author: Angélica
•12:12 p. m.
--¡Está lloviendo mucho; no quiero levantarme!! --vociferaba con la garganta ronca del que recién despierta.
Él simplemente tiraba atrás las sábanas y frazadas. Agarraba mis pies tibios con sus manos heladas.
--Levántate, floja. No cualquiera amanece un domingo en la luna.
Author: Angélica
•10:08 a. m.

Horrible pero en mi sueño, no lo era. Al contrario, descuartizaba seres humanos con total naturalidad, como si fuera el oficio más común del mundo.
Author: Angélica
•9:58 a. m.
Un sueño de amigas.
Era el casino del Hospital, pero parecía el casino de la DSS. Yo lo sabía por el decorado de las paredes y los detalles de las mesas. Además, el director del Servicio de Salud daba una perorata casi casi tan larga como la del otro día, en aquella reunión.
Al principio yo estaba sola, pero cuando llegaba la hora de almorzar y yo iba con mi vale a pedir mi bandeja, B., una de mis amigas, se ofrecía a acompañarme. Hacíamos la fila esperando el turno que nos atendieran cuando veía en el paralelo a mi mejor amiga de infancia: la Jana.
Ese diminutivo de "Alejandra", nunca me había sonado tan raro como en ese momento. Yo decía: hola, Jana; y ella decía: oh, eres la única que sigue llamándome así. Lucía igual de pequeña y delgada que a los doce años, igual de vulnerable que a los dieciocho, cuando la invité a casa con su bebé que ya tenía más de un año.
Comía con Jana y con B. y reíamos de la gente que estaba a nuestro alrededor. Yo me ofrecía a llevar todas las bandejas hasta los dispensadores y salía por la puerta trasera, sin despedirme de ellas.