•7:14 a. m.
Mi amiga M. y yo vimos anoche "La escafandra y la mariposa", una conmovedora película francesa basada en el libro homónimo, y que narra el monólogo interior de un periodista famoso que sufre un accidente cerebrovascular, quedando apopléjico. Su metáfora preferida para referirse al síndrome de cautiverio que padece, es un hombre metido en una escafandra, desesperado en lo profundo del mar. A eso de las tres am, puse mi cabeza en la almohada y luego de un par de pensamientos, me quedé dormida. Cuatro horas después, desperté con la mente llena de escafandras buceadoras. Algunos tenían cuerpos adentro y otras, en cambio, estaban vacías. Pero se movían, digamos, nadaban igual. Yo también estaba dentro de un equipo de buceo y me movía a mis anchas atravesando el azul oscuro. Prisionera de la cárcel más bella que hubiese imaginado.

3 comentarios:
Un sueño conmovedor, aunque hubiese sido una pesadilla para mí, el terrible miedo a las profundidades del mar. Ese silencio espectral que aguarda trás el abismo.
Tiempo sin avistar por acá...realmente es reconfortante volver.
Besos, Angelica.
Sí; especial.
Zune: Efectivamente fue un sueño conmovedor.
O: y especial.